Cuando una herida cierra, solemos pensar que el proceso ha terminado. La realidad es que la cicatrización continúa por debajo de la piel durante meses: el tejido se reorganiza, se remodela y, en algunos casos, se adhiere a las capas más profundas. Por eso una cicatriz que "se ve bien" puede seguir tirando, doliendo o limitando el movimiento.
Qué le pasa a una cicatriz por dentro
La piel repara las heridas fabricando colágeno de forma rápida y un poco desordenada. Con el tiempo, ese colágeno se reorganiza, pero el resultado no siempre es óptimo:
- Adherencias: el tejido cicatricial se "pega" al músculo o a la fascia que tiene debajo. La piel pierde su deslizamiento normal y la zona se nota tirante.
- Cicatriz hipertrófica o queloide: la cicatriz queda elevada, gruesa y a veces enrojecida, porque se ha producido más colágeno del necesario.
- Dolor o hipersensibilidad: la cicatriz puede atrapar o irritar terminaciones nerviosas, generando molestias, picor o sensibilidad excesiva al roce.
Por qué conviene tratarla
Una cicatriz adherida no es solo una cuestión estética. Puede alterar la forma en que se mueve toda una región: una cicatriz abdominal que limita la flexión del tronco, una de rodilla que impide la extensión completa, una axilar tras cirugía de mama que reduce la movilidad del brazo. Tratarla a tiempo evita que esas limitaciones se cronifiquen.
Qué hacemos en fisioterapia
El abordaje se adapta a cada cicatriz, pero suele combinar varias técnicas:
- Masaje y movilización del tejido cicatricial, para recuperar el deslizamiento entre capas y reducir adherencias.
- Diatermia, una electroterapia de alta frecuencia que genera calor en profundidad, mejora la vascularización y ayuda a remodelar el colágeno y reducir la fibrosis. En VALSAM la usamos como herramienta de referencia en cicatrices y tejidos adheridos.
- Drenaje linfático cuando hay edema asociado.
- Ejercicio y estiramientos de la zona, para que el tejido recupere su función dentro del movimiento.
¿Cuándo empezar?
El tejido cicatricial se puede empezar a trabajar cuando la herida está completamente cerrada —sin costra ni zonas abiertas— y con el visto bueno del médico. En general, esto ocurre entre las 4 y las 6 semanas después de la cirugía. Empezar pronto, dentro de ese margen seguro, da mejores resultados que esperar meses, cuando la cicatriz ya está más rígida.
En VALSAM
En nuestra clínica, Noemí es la fisioterapeuta especialista en dermatofuncional y quien lleva el tratamiento de cicatrices, adherencias y edemas. El equipo realizó formación específica en diatermia con Capenergy, la empresa de referencia en España, lo que garantiza un uso seguro y adecuado de la tecnología.
Si tienes una cicatriz que tira, duele o no acaba de mejorar, podemos valorarla en VALSAM Fisioterapia, en Loeches (Madrid). Escríbenos por WhatsApp: +34 613 02 90 75
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